21 enero, 2018

Dialogando conmigo...

Nuestra percepción ante nuestros resultados


Hay días en los que parece que te esfuerzas y no sirve para nada. Otros, en cambio, te das cuenta de que el empeño merece la pena. 

Sí, hablamos fundamentalmente de trabajo. Es curiosa la ambigüedad del ser humano. Una única persona puede cambiar drásticamente la percepción que tiene de su trayectoria en tan solo unas horas. ¿Por qué? A veces, tan solo porque una jornada ha tenido unos resultados distintos a los esperados, es decir, lo que él considera negativos.

Podemos sentirnos realizados y dichosos durante semanas basándonos en los resultados diarios de nuestro trabajo y, sin embargo, al día siguiente, desesperarnos o sentirnos casi al borde del fracaso, ante una infructuosa o escasa jornada. Nos puede dar ansiedad. Lo «mejor de todo» es que, por lo general, nosotros mismos sabemos que es algo pasajero, porque ya ha sucedido en ocasiones anteriores. Es muy probable que cualquier emprendedor que esté leyendo esto se sienta identificado. Yo misma, como escritora, me he sentido así en más de una ocasión, y he de decir que no soy la única.

Mantenerte confiado es un reto continuo. Es difícil no dejarse llevar por los marcadores (pequeños subobjetivos que nosotros mismos fijamos) que te dicen si vas por buen camino o no. Es decir, solemos valorar nuestros progresos por los resultados tangibles que obtenemos a cambio de un determinado trabajo y dedicación. Sin embargo, todos sabemos que hay metas que cuesta más tiempo alcanzar. Uno no construye un rascacielos en cinco meses; lo más lógico es que te lleve años, ya que va unido a distintos factores que tienen que asentarse antes de saltar al siguiente: tener una idea, desarrollarla, estudiar cómo, dónde y cuándo llevarla a cabo,  pedir licencias, contratar la mano de obra que se requiera y luego empezar a construirlo.

Deberíamos ver nuestros progresos observando y haciendo un examen global de nuestro recorrido, y no de días aislados. Si en conjunto, obtenemos un crecimiento o una mejora, entonces estaremos haciendo un buen trabajo. No podemos decir que un racimo de uvas está podrido solo por haber encontrado una o dos uvas en mal estado. Las cosas requieren un tiempo, y aunque nuestra capacidad mental tenga la destreza de crear lo que quiere en pocos minutos, el mundo tangible y material que nos rodea, requiere de más paciencia. Nos invita a parar, reflexionar a cerca de lo que tenemos, de lo que queremos conseguir y de valorar lo que ya hemos obtenido; sobre todo, nos entrena para seguir reforzando nuestra integridad emocional y mental.

Durante el tiempo que observamos que va todo bien (como nosotros deseamos), nuestra sensación es tremendamente positiva; confiamos en nosotros mismos, en que vamos por buen camino, en que somos capaces de conseguir todo cuanto nos propongamos. El día que no es según lo esperado, podemos llegar a pensar que nuestra racha se ha acabado, que los resultados anteriores son porque los planetas se alinearon o cosas por el estilo... En cualquier caso, nuestra objetividad ante el momento presente queda parcialmente nublada. Estamos tan encima y es tan importante para nosotros, que nos impide ser neutrales. Pero meditemos una pregunta: ¿Acaso de un día para otro puede cambiar algo tanto como para romper para siempre nuestra «buena racha»? No lo creo.

Es normal tener miedo cuando se dedica tanto tiempo, dedicación y amor a algo.

En resumen, tratemos de no desesperar si tenemos un mal día, y valoremos el progreso que llevamos, haciendo un análisis global. El día que se presente torcido, nos vendrá bien recrearnos en la creciente trayectoria que llevamos para reunir fuerzas y dar el siguiente paso.

¡Feliz día!


Y tú, ¿algún día has sentido desesperación o ansiedad al no conseguir lo que esperabas?

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Francisco Casero Viana

Pues, claro, Marta. No siempre te levantas con el mismo humor, y las circunstancias de tu entorno personal te condicionan a tener es percepción de falta de productividad o resultado. Yo también escribo, y has descrito perfectamente una situación por la que todos podemos pasar en un momento u otro haciendo que crezca nuestra ansiedad.
Gracias por tu comentario y por hacernos ver que no somos los únicos que atravesamos situaciones como la descrita

Marta Martín

Muchas gracias, Francisco, por tu comentario y compartir tu experiencia.
Un saludo y mucho éxito.

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